El dolor no se compara, la solidaridad tampoco

El dolor no se compara, la solidaridad tampoco

Por Faviola Rivero

Columna de Opinión — Cedrizuela

En los últimos días he leído muchas cosas en redes sociales. Algunas llenas de empatía, otras de solidaridad y otras que, en medio de una tragedia, inevitablemente terminan convirtiendo el dolor en una especie de competencia:

“Cuando pasó en Venezuela…”

“Colombia hizo más…”

“Los venezolanos ayudamos…”

“Ellos nos ayudaron primero…”

Y yo me pregunto: ¿de verdad necesitamos llevar la cuenta?

Colombia está atravesando un momento doloroso. Hay familias que tienen miedo, personas que perdieron parte de lo que construyeron durante años y comunidades que necesitan ayuda. Frente a eso, cualquier comparación sobra.

Porque no existe comparación que valga. No es una competencia entre venezolanos y colombianos para determinar quién sufrió más, quién perdió más, quién ayudó primero o quién fue más solidario.

Son historias diferentes. Tragedias diferentes. Dolores diferentes. Y cada dolor merece ser acompañado.

Mirar a los lados, no hacia atrás

Quizás los venezolanos sabemos demasiado bien lo que significa sentir que, de un momento a otro, la vida cambia. Sabemos lo que es necesitar una mano, llegar a otro lugar con incertidumbre y encontrar personas que, sin conocernos, decidieron ayudar. Muchos encontramos esa mano aquí, en Colombia.

Por eso creo que hoy no necesitamos mirar hacia atrás para sacar cuentas. Necesitamos mirar hacia los lados para descubrir a quién podemos ayudar:

  • No porque tengamos una deuda.
  • No porque “ahora nos toque”.
  • No porque Colombia haya ayudado antes a Venezuela.

Sino porque eso es lo que hacemos los seres humanos cuando otro ser humano está sufriendo.

Desde nuestras propias heridas

Entiendo que para muchos venezolanos lo ocurrido remueva heridas. Imágenes, sonidos y testimonios despiertan recuerdos de momentos difíciles. Es normal que frente al dolor ajeno aparezcan nuestras propias vivencias.

Pero incluso desde nuestras heridas podemos acompañar. Podemos transformar lo que vivimos en empatía.

Hoy Colombia necesita solidaridad. Quienes vivimos aquí, trabajamos aquí, criamos a nuestros hijos y hemos hecho de este país nuestro hogar, también somos parte de la respuesta. Ayudar no significa olvidar Venezuela. Amar a Colombia no significa amar menos a Venezuela. Podemos llevar dos países en el corazón sin tener que escoger entre ellos.

Unirnos en la acción

Durante años hemos hablado de integración y de construir puentes. Tal vez la integración se demuestra precisamente ahora: cuando dejamos de hablar de “ellos” y “nosotros” para hablar simplemente de personas ayudando a personas.

Habrá tiempo para analizar lo ocurrido, exigir respuestas y aprender. Pero hoy hay algo mucho más sencillo que hacer:

  • Unir esfuerzos y compartir información responsable.
  • Apoyar iniciativas verificadas y donar cuando podamos.
  • Ofrecer nuestras manos, preguntar qué hace falta antes de asumirlo.
  • Acompañar.

Sin banderas compitiendo. Sin cuentas pendientes. Porque después de una tragedia nadie debería tener que demostrar que su dolor es suficientemente grande para merecer solidaridad.

Venezuela y Colombia han compartido historia, frontera, familias, música y momentos difíciles. Hoy podemos compartir algo más: la voluntad de levantarnos juntos.

Que esta vez las redes no nos dividan intentando decidir quién sufrió más. Que nos sirvan para encontrarnos. Porque frente al dolor no debería existir un “ustedes” y un “nosotros”.

Solo debería existir un “aquí estamos”.

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